Serie Guerra Civil Siria. Parte IV: La Verdad, Primera Víctima De Guerra

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Una maraña de mentiras, encubrimientos y verdades a medias ayudan a ocultar lo que pasó realmente en Khan Sheikhoun junto a sus responsables. En esta entrega de la serie aportamos más dudas que respuestas sobre el ataque químico en Siria, pero quizás este sea el orden: preguntar antes de responder.

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Nikki Haley, Embajadora de EE.UU. ante la ONU, expone su denuncia al gobierno de Siria sobre el uso de armas químicas contra población civil.

Falsa bandera. Operaciones encubiertas que han acompañado a la humanidad durante siglos, siempre que una de las partes en conflicto oculta su identidad para hacer algo y culpar a otros. Que este vocabulario de corsarios y espías se haya convertido en parte del vocabulario normal demuestra lo malo y lo bueno de estos tiempos interesantes: esas acciones se multiplican, pero la mayor información disponible rápidamente pone en alerta a quienes deberían haber sido engañados.

El problema es que siguen siendo operaciones difíciles de probar, donde las pistas se ocultan y enredan de manera que nadie pueda interpretarlas. Algo que, por supuesto, ya tienen en mente quienes las planean y ejecutan.

Caso concreto: ¿Qué pasó el martes pasado cerca de Idlib, en Siria? Si es que algo ocurrió, ¿fue una operación de falsa bandera o no? ¿Y quiénes son los verdaderos responsables?

Probablemente, ninguna de estas preguntas tendrá respuesta. Pero al menos podemos revisar cómo verdades, mentiras y rumores se cruzan para crear la posverdad en que nos movemos y que solo puede generar más desconfianza en los poderosos que tratan de manipularla.

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Caza-bombardero Su22 ruso, de propiedad de Siria, del mismo tipo del que supuestamente habría lanzado los químicos que afectaron a la población.

Las Versiones Difundidas

6:37 de la mañana del martes 4 de abril en la pequeña ciudad siria de Khan Sheikhoun, unos 50 kilómetros al sur de Idlib. Algunos habitantes ya estaban en camino a sus trabajos o escuelas, pero muchos aún dormían cuando los despertó un ataque de las fuerzas oficialistas. Casi todos los relatos hablan de aviones de la Fuerza Aérea Siria y algunos especifican que se trataba de dos Su-22 (de origen ruso) que lanzaron al menos una bomba en ese pueblo ocupado por rebeldes. Otros afirman que hubo también un ataque con cohetes.

Los relatos, ya sea de testigos directos o de quienes dicen haberlo escuchado de ellos, difieren mucho. Mariam Abu Khalil, de 14 años, dijo a The New York Times (por teléfono) que vio cuando un avión arrojaba una bomba sobre un edificio de un piso, lo que provocó la típica nube en forma de hongo, pero con un color amarillento, que se transformó en una niebla que le hizo arder los ojos. De regreso en su casa, vio cómo llegaba gente en vehículos a ayudar y “cuando salieron, inhalaron el gas y murieron”.

Según los propios rebeldes, horas después, el hospital de Khan Sheikhoun recibió un nuevo ataque, con cohetes, mientras atendía la emergencia.

El gobierno rebelde de Idlib afirma que en el ataque químico murieron 84 personas, incluyendo 27 niños y 19 mujeres, mientras otras 546 personas resultaron heridas y varias siguen graves.

Las víctimas mostraban síntomas como enrojecimiento de los ojos, espuma en la boca, convulsiones, debilidad, pupila fuertemente contraída y dificultad para respirar (asfixia). “Algunos casos parecen mostrar síntomas adicionales consistentes con la exposición a químicos organofosfóricos, una categoría que incluye los agentes nerviosos”, declaró la Organización Mundial de la Salud al día siguiente.

Aunque algunos síntomas no coinciden, de inmediato las sospechas se dirigieron al gas sarín, uno de los agentes nerviosos que producía el gobierno sirio. Otra opción sería el gas cloro, cuyo uso también se ha denunciado en años recientes, pero los testigos no detectaron su fuerte olor. El sarín, en cambio, es inodoro, incoloro y capaz de matar rápidamente.

Algunos médicos afirmaron que los síntomas de los afectados remitían al inyectarles atropina, que es conocido como antídoto contra el sarín y otros agentes químicos.

El uso de armas químicas es un crimen de guerra, claramente prohibido en varios tratados internacionales. Ante los indicios –aunque en muchos casos sin esperarlos siquiera– se alzaron las voces para acusar al gobierno sirio y específicamente al presidente Bashar al-Assad. Otras tantas reanudaron el ataque contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, porque su gobierno declaró poco antes que no era prioritario sacarlo de su puesto.

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Restos del cohete lanzado en Khan Sheikhoun.

¿Quiénes Tienen Sarín?

El 21 de agosto de 2013 se haría producido otro grave incidente con armas químicas en Siria. Un ataque en Ghouta (suburbios de Damasco) dejó mil 400 muertos según las cifras más extremas (un análisis de la CIA estadounidense). También se responsabilizó al gobierno sirio de haber usado sarín, pero en esa oportunidad se firmó un acuerdo por el cual Siria renunciaba a sus armas químicas.

El último informe público de la Organización para la Eliminación de las Armas Químicas (OPCW), el cuerpo encargado de destruir esas armas, fue difundido hace menos de dos semanas. Declara que “como se reportó anteriormente, todos los químicos declarados por la República Árabe de Siria removidos de su territorio en 2014 ya han sido destruidos”.

Pero también está confirmado que los rebeldes tienen acceso a gases neurotóxicos y los han usado en al menos una oportunidad (comprobada por la ONU). Tal vez incluso puedan producirlos, gracias a la complicidad de otros países.

Varias investigaciones periodísticas llegan al mismo resultado: los rebeldes sirios, especialmente los fundamentalistas vinculados a Al Qaeda o el Estado Islámico, habrían recibido apoyo de Turquía para armarse con sarín. El destacado periodista Seymour Hersh, que ha sido un dolor de cabeza para innumerables gobiernos estadounidenses desde que destapó la masacre de My-Lai en Vietnam, ha descrito detalladamente los lazos del gobierno turco con Al Qaeda y el sarín. En su artículo “The Red Line and the Rat Line” incluso enlaza la línea de abastecimiento con Hillary Clinton y sus decisiones en Libia. Hersh cita fuentes anónimas en esa nota:

“Ahora sabemos que fue una acción encubierta planeada por la gente de Erdoğan para empujar a Obama a la línea roja”, dijo el oficial de inteligencia en retiro. “Tuvieron que escalar a un ataque con gases en Damasco o en sus cercanías cuando los inspectores de la ONU’ –quienes llegaron a Damasco el 18 de Agosto para investigar un caso anterior donde se reportó el uso de gases– ‘estaban ahí. El acuerdo era hacer algo espectacular. Nuestros altos oficiales militares fueron adevertidos por la Agencia de Inteligencia de Defensa y otras fuentes que el sarín fue provisto a través de Turquía y que solo pudo haber llegado ahí con el apoyo de Turquía. Los turcos también entregaron entrenamiento en la producción y manejo del gas sarín.”

La cita explica lo que sería una extraordinaria “coincidencia” si esta no fuera la explicación. En efecto, el ataque en Ghouta coincidió con la llegada a la capital siria de un equipo de investigadores, enviado por la ONU debido a acusaciones de ataques químicos previos.

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Efectivos de los Cascos Blancos ayudando a civiles supuestamente afectados por químicos, pero haciéndolo sin proteger sus manos y con mascarillas inadecuadas.

Errores… Mentiras… Desinformación

Hace un par de semanas, los rebeldes habían lanzado desde Idlib una ofensiva dirigida contra Hama, en el noroeste sirio. Luego de iniciales éxitos de los grupos encabezados por Hay’at Tahrir Al-Sham (la última encarnación de Al Qaeda en Siria), Damasco pudo enviar fuerzas al sector amenazado y actualmente está rechazando el ataque, con la probabilidad de empezar a ganar el territorio perdido hace años… hasta Idlib, la principal ciudad en ese sector.

Este contraataque de las últimas semanas explica el intenso bombardeo que ha experimentado la provincia de Idlib, incluyendo Khan Sheikhoun. Pero los blancos son militares, no civiles, y ese pueblo está al menos a 12 kilómetros de la zona oficialista más cercana. No es zona de combates terrestres.

Eso coincide con la explicación oficial que entregó Rusia en nombre de Siria: que sí hubo un ataque aéreo al mediodía del martes, pero fue dirigido contra un depósito de armas de los rebeldes, por lo que probablemente allí había municiones químicas que explotaron y causaron la nube tóxica.

Un experto citado por la BBC rechazó esta explicación. Según Hamish de Bretton-Gordon, excomandante del regimiento británico de armas químicas, biológicas y nucleares, “por definición, si haces explotar el sarín, lo destruyes”.

Olvidó el experto que el sarín es un compuesto binario; es decir, dos químicos que se mantienen separados hasta que se mezclan para hacer el gas mortal. Si el edificio atacado era un taller de municiones químicas, podría haber tenido tanques de ambos compuestos que resultaron destruidos y formaron accidentalmente la mezcla, en forma similar a lo que se hace intencionalmente dentro de una bomba o cohete. El resultado es distinto, pero se hubiera generado una nube tóxica de corta duración y letal en las cercanías.

No es el único caso de “opinión interesada” o confusa.

La misma declaración rusa, por ejemplo, habla de un ataque producido casi cinco horas después de lo que dicen los testigos. No hay explicación sobre la diferencia. Y si el ataque fue contra un arsenal, por qué no hubo más explosiones ni incendios.

La hora exacta proviene de radares estadounidenses, que captaron dos pasadas de un único avión sobre Khan Sheikhoun a las 6:37 y 6:47 horas. La misma información de militares estadounidenses dice que los radares captaron un “flash” en el suelo, evidencia del bombardeo. ¡Pero los radares no captan “flashes”!

Al Masdar News, un medio afín al gobierno afirmó que el ataque era imposible, pues los Su-22 no pueden transportar bombas con químicos, aunque es precisamente el uso que les daba Saddam Hussein hace décadas. También aseguró que los yihadistas habían secuestrado días atrás a aldeanos de una zona recuperada por las fuerzas oficialistas, que serían los que luego mostraron como víctimas del ataque químico. Este dato se publicó horas después del ataque, por lo que tampoco tiene validez.

Otro medio, pero afín a los rebeldes (Maara Media Center), mostraba evidencias del bombardeo aéreo con imágenes que parecen un claro ejemplo de ataque con cohetes e incluso restos de un proyectil de artillería exactamente igual al usado por varios ejércitos para lanzar gases nerviosos.

¿Y qué pensar del periodista opositor que el lunes, el día anterior al ataque, tuiteó un anuncio de que informaría sobre los bombardeos aéreos sirios, “incluyendo el uso de armas químicas contra civiles”? A juzgar por lo que luego publicó, es posible que tuviera preparada una nota sobre los actuales combates en torno a Hama, denunciando supuestos ataques químicos previos. Pero queda la duda de si supo antes lo que ocurriría.

No es el único caso. El “ministro de Salud de Idlib” estaba en el hospital de campo (una instalación rebelde) cerca de Khan Sheikhoun, cuando llegaron los primeros heridos a las 7:30 de esa mañana. Y en la ciudad de Idlib había reservas de atropina que llegaron a tiempo para tratar a los sobrevivientes.

Un dato que ha llamado la atención es el que muestran otras fotografías también provenientes de los propios rebeldes: paramédicos, entrenados en el manejo de víctimas de gas sarín, tratando a supuestos pacientes sin ninguna precaución. Algunos solo usaban máscaras antigás, de las cuales Khan Sheikhoun recibió un embarque tres días antes. ¿Sabían que no eran víctimas de ese gas, que los hubiera afectado por el simple contacto piel a piel?

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Quedan Las Preguntas

Ante la imposibilidad de contar con evidencias sólidas, la lógica puede ayudar.

¿Es creíble que un gobierno sea tan inepto como para lanzar un ataque químico el mismo día que vienen a investigarlo por otro? No es necesario mencionar que el régimen sirio siempre ha negado el uso de armas químicas.

Eso fue en 2013, pero ahora se repiten las coincidencias. ¿Sigue siendo Assad tan inepto que lanza un ataque químico días después de un informe oficial que menciona su colaboración en la destrucción de armas químicas? ¿Días después de que su principal enemigo declara oficialmente que ya no desea sacarlo por la fuerza de la Presidencia de Siria? ¿Un día antes de un encuentro internacional para aprobar “ayuda humanitaria” a la zona controlada por los rebeldes?

¿Y por qué cometer un crimen de guerra justo cuando la guerra comienza a dar resultados positivos? Tras la difícil reconquista de Aleppo (donde también hubo acusaciones sobre uso de químicos), el fantasma de una derrota militar se alejó definitivamente para Siria. A menos que una potencia intervenga directamente en apoyo de los rebeldes.

Y si se produce esa intervención –probablemente de Estados Unidos–, ¿quién o quiénes se benefician? Esta es la gran pregunta, que podría aportar respuestas a todas las demás.